|
NOSTALGIA
María Celeste llora
cuando Pablo enciende la chimenea
el fuego le recuerda
los atardeceres en alta mar
cuando era mascarón de proa
y desafiaba con su pecho
a la tormenta.
María Celeste se ha quedado sola
en el salón de botellas azules
ya no está el que escribe poemas
sobre la madera de un naufragio.
Las gaviotas vuelan
y en la tumba de piedra
Pablo y Matilde musitan versos.
Isla negra se viste de oscura ausencia
María Celeste mira al horizonte
en busca de un barco que la lleve
de nuevo a navegar.
Laura Hernandez Muñoz
|